Tanta gente saltando hacia ninguna parte,
sin objeto, sólo porque el vecino salta.
Tanto cordero llevado al matadero
y tanto domingo de resurrección.
Material inflamable para manos incendiarias
UNA FÁBULA JOCOSA, PERO QUE NO TIENE NADA DE GRACIOSA.
Y los cerdos acicalados decían:
"Creedme, creedme, borrreguitos. Yo haré lo que me pidáis, os juro!"
Los borreguitos, aburridos o resignados, musitaban:
"Bueno, bueno, qué le vamos a hacer. Es lo que hay".
En eso, llegaron unos perrines flautines cantando:
"Le dicen Libertad y no la hay, le dicen libertad y no la hay..."
Los cerdos acicalados al escucharlos llamaron inmediatamente a los asnos:
"Asnos fieles, sacad de aquí a estos alborotadores del orden granjero".
Palos volaron, patadas vinieron; pulgas volaron, rebuznos vinieron
"Así aprenderán estos perros descarados", dijeron los cerdos acicalados.
"Volveremos, volveremos", se fueron cantando los perrines flautines bien magullados.
Mientras, los borreguitos absortos y descolocados empezaron a preguntar:
"¿Quienes eran y por qué cantaban eso?".
De pronto, los cerdos acicalados al ver este panorama nada favorable de inquietud, decretaron:
"Estado de sitio por alboroto y arrebato de la voz pública por esos delincuentes caninos".
Pero ya era tarde,
los borreguitos empezaron a levantar la cabeza y a señalar a los 4 cerditos acicalados.
f.c.
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