La función poética -ese vehemente y solitario ejercicio de combinar palabras que alarmen de aventura a quienes las oigan- padece misteriosas interrupciones, lúgubres y arbitrarios eclipses. Para justificar ese vaivén, los antiguos dijeron que los poetas era huéspedes ocasionales de un dios, cuyo fuego los habitaba, cuyo clamor poblaba su boca y guiaba su mano, cuyas inescrutables distracciones debían suplir. De ahí la costumbre mágica de inaugurar con una invocación a ese dios el acto poético.
"¡Oh divinidad, canta el furor de Aquiles, hijo de Peleo, el furor que trajo a los griegos males innumerables ya arrojó a los infiernos las fuertes almas de los héroes, y libró su carne a los perros y a los alados pájaros!", dice Homero. Y no se trata de una forma retórica, sino de una verdadera plegaria. De un "sésamo, ábrete", mejor dicho, que le abrirá las puertas de un mundo sepultado y precario, lleno de peligrosos tesoros. Esa doctrina (tan afín a la de ciertos alcoranistas, que juran que el arcángel Gabriel dictó palabra por palabra y signo por signo el Corán) hace del escritor un mero amanuense de un Dios imprevisible y secreto. Aclara, siquiera en forma burda simbólica, sus limitaciones, sus flaquezas, sus interregnos.
He indicado en el párrafo anterior el caso muy común del poeta que a veces hábil, es otras veces casi bochornosamente incapaz. Hay otro caso más extraño y más admirable: el de aquel hombre que en posesión ilimitada de una maestría, desdeña su ejercicio y prefiere la inacción, el silencio. A los diecisiete años, Jean Arthur Rimbaud compone el "Bateau ivre"; a los diecinueve, la literatura le es tan indiferente como la gloria, y devana arriesgadas aventuras en Alemania, en Chipre, en Java, en Sumatra, en Abisinia y el Sudán. (Los goces peculiares de la sintaxis fueron anulados en él por los que suministran la política y el comercio.)
(...)En la ciudad de Buenos Aires, el año 1911, Enrique Banchs publica La urna, el mejor de sus libros, y uno de los mejores de la literatura argentina; luego, misteriosamente, enmudece. Hace veinticinco años que ha enmudecido.
(...) La urna, en cambio, no requiere convenios con su lector ni complicaciones benévolas. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde su aparición -un dilatado trecho de tiempo humano; ciertamente no ajeno de hondas revoluciones poéticas, para no hablar de las de otro orden- y La urna es un libro contemporáneo, un libro nuevo. (...) Es muy sabido que los críticos les interesa menos el arte que la historia del arte; la obtención efectiva de una belleza que su arriesgada búsqueda. Un libro cuyo valor fundamental es la perfección puede ser menos comentado que un libro que muestra los estigmas de la aventura o del mero desorden...
(...) La urna ha carecido, asimismo, del prestigio guerrero de las polémicas. Enrique Banchs ha sido comparado a Virgilio. Nada más agradable para un poeta; nada, también, menos estimulante para su público.
(...) Tal vez, como a Georges Maurice de Guérin, la carrera literaria le parezca irreal, "esencialmente y en los halagos que uno le pide".
Tal vez no quiere fatigar el tiempo con su nombre y su fama.
Tal -y ésta será la última solución que propongo al lector- su propia destreza le hace desdeñar la literatura como un juego demasiado fácil.
Es grato imaginar a Enrique Banchs atravesando los días de Buenos Aires, viviendo una cambiante realidad que él sabría definir que no define: hechicero feliz que ha renunciado al ejercicio de su magia.
J.L.Borges, fragmento del articulo "Enrique Banchs ha cumplido este año sus bodas de plata con el silencio", publicado el 25 de diciembre de 1936.
No es un movimiento, no es un sistema, tampoco una filosofía, es la Quimera subyugada por el Hombre: ES UN CARÁCTER.
22/03/2008
Poesía y Borges a propósito de Banchs
Artificio por Profundistas en 3/22/2008
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1 manifestaciones:
la poesia es el conducto de transicion entre lo infinito y lo finito, entre lo racional y lo irracional con una interferencia egoista en busca de una perfeccion del caos
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